Madrid es un a ciudad viva. Con más de 3 millones de personas dando vueltas por allí, más los miles de turistas que llegan diariamente, resulta imposible no perderse entre tanta gente. Es una explosión de arte en forma de piletas, plazas, monumentos y museos. Es difícil no tener algo que visitar.
El problema con tremenda densidad poblacional y la enorme cantidad de turistas es el alojamiento. Hay que reservar hoteles con un par de meses de antelación para tener garantía de no tener problemas con la acomodación. Y allí radica el problema de llegar de la noche a la mañana: donde dormir. Este viajero atinó a lanzar reservas por todos los sitios en Internet (sobre todo siguiendo los consejos de páginas como www.atrapalo.com) para que algunas reboten al día siguiente con un amable mensaje “lamentablemente no tenemos disponibilidad para las fecha especificadas” o no recibir ningún tipo de respuesta (¡por que el Hotel Orly sólo tiene opción de reservar por mail en su página Web si no van a contestar los mails!). Así que sólo llegue a reservar hotel para el día de mi llegada en el Hotel Mora en el la avenida Paseo del Prado.
Bonito el sitio. La habitación también. Pero por 62.00 euros (al cambio, casi 83 dólares) uno espera algo más que 5x5 metros de espacio más un baño y un televisor con un control inservible, sin acceso a Internet y una recepcionista de día que parecía haber resucitado de una mala serie de terror de los 60s. Mmmm… ya la reserva estaba hecha.
Al día siguiente había que buscar hotel. Igual que por Internet, todo el mundo te indica que mucha amabilidad “lo siento, no hay espacio para las fechas…”. Donde se puede encontrar espacio en sitios en donde el bolsillo es quien contesta: “Eh! Lo siento, pero no hay como para pagar 150 euros la noche, man”. Mmmm… así que hay que virar para la opción de los hostales.
El Madrid, los hostales son una opción económica e interesante. Hay varios tipos: los de mochileros en donde se vive en una fiesta perpetua: gente de entra y sale, se reúne en la planta baja, y parece que han perdido todo sentido de individualidad y sin tapujos compartes cuarto, baño, comedor, cigarros y demás alucinógenos para hacer del viaje una experiencia más interesante. Hay que decir a favor que estos sitios son bastantes limpios y muy bien cuidados (bueno, como en todo, hay excepciones) y es un buen sitio cuando uno va de aventura pues el conocer gente de otras latitudes está asegurado.
Mi viaje, esta vez, por razones personales, no estaba orientado a la aventura, así que lo ideal sería conseguir un Hostal tranquilo. Estos también existen y son más económicos que los hoteles y más caros que los hostales de mochileros, pero se puede conseguir una buena habitación con baño a 40 euros y sin baño a 25. Si uno sale de un hotel (como es mi caso) la primera impresión puede causar mucha pena: son hostales son edificios antiguos reacondicionados por lo que el ingreso a estos puede ser deprimente, pero una vez dentro la realidad es otra: los madrileños son gente muy amable y conversadora. Los dueños de estos lugares viven de esto y es toda la familia trabajando es el lugar por lo que uno se siente hospedado en una casa con la libertad como para salir y entrar cuando a uno le de la gana. Buscando y caminando encontré el Hostal Atocha, donde el dueño, Don Angel (madrileño de pura cepa de 83 años y más sordo con que un palo) se te acerca la cara y te dice “pues me tenéis que hablar como si fuera sordo”. Que chistosito el viejo…
Entre las cosas que encontré estuvo el Hostal Alegría, atendido por una mujer de 60 y tanto años que no era sorda pero no hablaba el español (lo que estaba peor porque así gritases nunca iba a entender). Es rumana y hace mil esfuerzos por hacerse entender. 30 euros una habitación sin baño cerca de la estación de trenes de Atocha-Renfe. Tal vez el hotel Mora vale lo que vale por la zona (los tres museos más importantes de Madrid están a la vuelta), pero este Hostal esta tan bien ubicado pues todos los medios de transportes están casi a la puerta. En el momento de escribir estas líneas sólo tengo donde dormir hasta el día de mañana. Así que tengo que buscar donde dormiré a partir de mañana.
Y eso es la mitad de problema. La otra parte tiene que ver con los 90 grados de latitud que separan el lugar en donde llevo durmiendo 3 décadas. El cuerpo no olvida… uno no pega el ojo hasta que casi ya está por amanecer y si no se establece algún mecanismo para levantarse (alarma y ducha fría) toda la mañana se puede perder en medio de un placentero sueño. Aún así si uno es capaz de sacudirse todo aquello del cambio de horario y dejarse llevar por el ritmo circadiano de luz y oscuridad, puede resultar muy confuso llegar en una fecha en donde el día aclara a las 8 de la mañana y continúa hasta bien entrada las 8 de la noche (bueno… 8 de la tarde). Si uno llega de un sitio en donde anochece a las 6 (como en mi caso) y seis horas más tarde recién uno cae en cuenta que debe de dormir, no es de extrañar que a las 2 am uno empiece a sentir que debería de dormir.
Es horrible…
Es por eso que escribo estas líneas a las 3 de la mañana, como quién coge algo sueño. Parece que, lamentablemente, no funciona.
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