lunes, 24 de septiembre de 2007

A MADRID TAMBIEN SE LLEGA POR MIAMI

Esta vez los aires viajeros me llevaron a Madriz (como dicen los ciudadanos de estas latitudes). Pero los caminos a España son variados y por ahorrar costos pe tomé el más complicado.

Para empezar, este viaje es en solitario, a diferencia del anterior (pucha Jesusiño… como te quedaste… no sabes la que te vas a perder, jajaja). Lo cual trae sus consecuencias porque viajar solo es más triste que mirarse la raya del fin de la columna (esa mirada cabizbaja y labio fruncido es como para conmover a cualquiera) y hacer turismo “de uno” es una experiencia tan enriquecedora como escribir mil veces en la pizarra “Debo de llevar siempre mi cuaderno a clases”. Lo bueno es que ahora es posible compartir las experiencias con el mundo entero así que ahora uno nunca viaja solo sino con todo el mundo.

Es un consuelo tonto, pero es un consuelo…

Esta crónica, más que ser de las primeras impresiones de Madrid, trata sobre como llegar a Madrid. Bueno… hay muchas formas. Pero la más barata e inmensamente larga (lo suficiente como para acabar con el trasero hasta del más valiente) es hacer una enorme “ele” pasando por Miami, lo cual tiene algunos inconvenientes:

Primero: la aerolínea. American Airlines es una línea con la que siempre he tenido problemas. En una oportunidad me cerraron el vuelo en las narices (y se lo abrieron a una pareja de gringos a los 10 minutos mientras les explicaban en inglés que la bulla que yo y mi hermana hacíamos en el counter del airport era por otra razón. Hey you, perivian girl with ICPNA’s Basic-2 in english… do you find something more stupid that talk in english and think that nobody understand your verbal gibberish? Esta vez me revisaron hasta la parte interna de las orejas que sujetan la correa del pantalón (y no es broma, es cierto), luego de haberme hecho desarmar parte del equipaje, canguro, bolsillos, prender todos los aparatos electrónicos, zapatos y por poco y me revisan dientes, presión ocular y si tenía o no pie plano. Mientras tanto, todos los demás pasaban. Una de dos: o tengo mala suerte o debo de tener una cara de narcotraficante inigualable. Por lo menos me divertí haciendo doblar toda mi ropa a quien la sacó (eso estaba debajo de todo lo que ya pusiste amiguito…) y es que no es nada agradable que te pongan a un costado, te tapen con un biombo y te hagan quedar como apestado. Eso por no decir que el vuelo se retrazó 4 horas (y el siguiente saldría una hora más tarde). En resumen: American Airlines sucks! Y lo peor de todo: es AA en Perú con los peruanos. Si van para EE.UU. yo les sugiero que eviten ir por American porque es posible que reciban un mal trato no es USA sino aquí, en su propia casa.

Segundo: el cambio de clima. Cuando se llega a Miami se llega literalmente al infierno. Uno sale del aeropuerto y siente que es Satanás quien lo ha ido a recibir a uno. En este caso particular quien me recibió fue mi primo Alan, con 20 centímetros de diferencia y siete latas de betún encima, somos francamente muy diferentes (este chiste es sólo para quienes nos conocen… sorry). Se sale de Perú con un frío espantoso y se llega a Miami con un calor horroroso. Si saliste con casaca por el frío al salir del aeropuerto vas a necesitar un transplante de cerebro para recuperarte del shock termico.

Tercero: el inglés. Si uno se va a Madrid es para hablar en español pero pasar por Miami es pasar por lo anglosajón. Aquí uno se topa con lo surrealista porque… bueno. Hay que verlo. En aduanas me tocó el oficial más lento de todos. Más prieto que yo, con cara de centroamericano inconfundible (de esos señores que se les cae el pelo de adelante para atrás hasta parecer profesor de escuela primaria) y un apellido difícilmente original (algo así como “Changerff”… es decir, un nieto de inmigrante Chambergo que mudo de idioma en su inscripción) abre la boca y se pone a hablar en inglés y nada, nada, nada de español. Una de dos: o los gringos hablan un español que parece de escuela de sordomudos (si han visto esas propagandas en la televisión para Norteamérica de la comunidad latina con mensajes alentadores como quiere a tu prójimo, valora la familia o demás mensajes felices saben de lo que hablo) o hablan un inglés que resulta tan ridículo al verle la cara al angloparlante como si un gato abriera la boca pata mugir con una dicción que dejaría muda a cualquier vaca.

Joder… (aunque ya me estoy adelantando con los madrileños, pero vale la exclamación). Más risa dio otro oficial (esta vez un original gringo de unos cincuenta años) que era redondo como un huevo (casi literal porque era blanco y tenía una estrella amarilla en el pecho como yemita) y desarmó una de las colas porque la ventanilla se cerraba y mando a todos al costado en perfecto inglés. Two steps to your left… including you mam… y la tía estaba en silla de ruedas .Como va a dar dos pasos a la izquierda gueyyyy…

Y cuarto: el compañero de vuelo. Cuando uno ingresa al avión, en recibido con sonrisas y rostros de alegría, para luego llegar a un mundo aparentemente feliz de descanso y atención de primera. Luego, se abre paso por una cortina y uno se encuentra con la gente que se le parece a uno: los clase económica. La distancia entre la felicidad y la resignación puede ser así de delgada… el tema fue que el Primera Clase todos parecían tener un “estilo”, un patrón de conducta y de vestimenta; mientras que en Clase Económica se tiene un costal de gente absolutamente dispareja que jamás estaría compartiendo el mismo espacio físico si no fuera por el dinero.

Y eso hacía a mi compañero de viaje más ridículo aún: el tipo era el típico antisocial (sobre los mensajes de texto que enviaba en el momento en que llegue escribiré en otra crónica) de pelo revuelto, lentes gruesos, panzón y con actitud de desprecio hacia la humanidad porque aparentemente es un tipo inteligente, habla muy bien el inglés y su autosuficiencia lo coloca en una situación mejor al de su vecino más próximo. Pero eres tan clase económica como todos demás chaval… eso se lo que tenemos todos en común allá atrás y eso hace que se vea más feo el grupo ese. El cochino dinero. Pero más cochino el que reniega de su condición. No habló, no miró a nadie, sólo hablaba con el personal de servicio a bordo y lo peor es que se agarró buena parte del estrecho asiento, me pisaba el pie a cada rato y por último se movió y prendió la luz que estaba sobre su cabeza para luego reclamarme que si podía apagar la luz. El cronista, que tiene algunos arranques de antisocialismo esporádicos puede hacerse entender con alguien de su especie. Así que prendí mi luz (que era otra) y la apague. Y luego me volteé. Y si… entendió.

Llegue a Madrid. Dos días sin dormir viajando dos noches seguidas y lo único que quiero es un hotel.

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